Llegamos Navegando a Bonaire.

Bonaire es un buen lugar para vivir. Para quedarse una larga temporada y disfrutar de su naturaleza marina y de la vida relajada. Y eso es lo que hemos hecho durante casi un mes que hemos estado fondeados en Bonaire.

 

Toda la costa del país es una reserva natural. Esta prohibido echar el ancla en todo el país. Lo único que te permiten es fondear utilizando una de las muchas boyas que hay en la parte de sotavento de la Isla, junto a su capital, Kralendijk. A cambio, desde el fondeo tienes acceso privilegiado a su maravilloso fondo marino donde desde la misma popa del barco puedes ver una gran variedad de peces y corales de su arrecife que se sumerge hacia las profundidades. El agua es de un azul turquesa solo comparable al azul turquesa que hemos visto en Los Roques y Las Aves de Venezuela. Por todo ello, Bonaire es considerada la capital mundial del submarinismo. Miles de turistas llegan a Bonaire con la intención de pasar sus vacaciones buceando en sus arrecifes o para aprovechar y sacarse la titulación PADI de submarinismo.

 

El Saramia fondeado a nuestra llegada a Bonaire.

 

Nosotros llegamos a Bonaire desde Venezuela el 18 de Julio del 2019 tras haber recorrido 40 millas desde Las Aves de Sotavento. En Bonaire nos esperaban nuestros amigos catalanes del Avenger que habían llegado una semana antes que nosotros. Nos ayudaron a amarrarnos a una boya privada ya que el resto de boyas del “Marine Park” estaban todas ocupadas.

 

Bonaire es una antigua colonia holandesa y todavía sigue gestionada por holandeses y esto hace que el registro de entrada en el país sea bastante sencillo. En media horita teníamos todos los papeles listos y ya estábamos de forma legal en el país.

 

Volvíamos a la civilización después de estar 10 días por Venezuela totalmente aislados del mundo. Una de las primeras cosas que hicimos fue acercarnos por una heladería para que Sara y Mia pudieran disfrutar de un buen helado.

 

En Bonaire, Curazao y Aruba son lenguas oficiales el Holandés y el Papiamento, pero al encontrarnos tan cerca de las costas de Venezuela y Colombia también existen muchos residentes procedentes de estos dos países y puedes encontrar fácilmente a gente que habla español. Muchas palabras del Papiamento utilizan palabras del español y buenos días aquí se dice “Bon día”, con lo que por las mañanas cuando salía a correr me sentía como en casa saludando a todo el mundo con un “Bon día” 100% Valenciano.

 

Durante la segunda semana alquilamos un coche y pudimos recorrer toda la isla de Bonaire. Bonaire además de por el buceo también es conocida por ser un lugar de parada en las migraciones de los flamencos. En todas las tiendas hay figuras de flamencos. Es el animal de referencia del país. Incluso en el sello que ponen en el pasaporte aparece un flamenco. Y claro, un animal de color rosa hay que ir a verlo si o si, la tripulación femenina estaba emocionada de poder ver flamencos en libertad… Y allí que nos fuimos a recorrer la isla en busca de flamencos.

 

Haciendo el Flamenco delante de los Verdaderos Flamencos.
Flamencos por todos lados.
Posando con los flamencos.

 

En la costa de barlovento de Bonaire.

 

La isla de Bonaire es pequeña, en la parte noroeste de la isla hay un parque nacional que ocupa prácticamente un tercio de la misma, en el centro de la isla esta la zona habitada y donde se encuentra la capital,  Kralendijk. Y en  el sureste se encuentran las lagunas y salinas donde se pueden ver la mayoría de los flamencos.

 

Como el mínimo de alquiler eran 3 días decidimos visitar cada día una de las partes de la isla. El primer día lo aprovechamos para ir a visitar los flamencos en el sur de la isla, también estuvimos en la parte mas al sur donde habían unas casetas construidas en 1850 donde vivían los esclavos y acabamos el día visitando las zonas donde practican el windsurf y el kitesurf en la isla. El segundo día visitamos el norte de la isla, pasamos la mañana haciendo snorkel en una cala en el nordeste de la isla y  después nos dirigimos a la ciudad de Rincon donde no había absolutamente nada que hacer y aprovechamos para comer en un restaurante chino. El tercer día lo dedicamos a comprar en el supermercado y llenar la despensa y el congelador del barco. La isla es realmente pequeña y no tiene muchos sitios de interés turístico. Lo mejor sin duda es el parque natural marítimo y eso ya lo disfrutábamos todos los días desde la popa de nuestro barco.
En la ciudad de Rincon.
Sara & Mia surfers.
En las cuevas del sur de la isla.
Casetas de Esclavos en el sur de la isla. A juego con nuestro coche amarillo.
Al Agua Patos.

 

Lo mas destacable del mes que hemos estado en Bonaire es la comunidad de navegantes que se ha formado en el fondeo de Kralendijk. Había muy buen ambiente entre todos los barcos y prácticamente todos nos conocíamos. Sabíamos quién acababa de llegar y cuando tenían previsto marcharse los barcos. Por las mañanas había una rueda de navegantes en VHF en el canal 77 donde participaban la gente de los barcos. Se comunicaba las promociones de los bares y donde habían horas felices para tomarse las cervezas. Quizá por esto terminábamos conociéndonos todos. Al final del día prácticamente todos acudíamos a tomar la cerveza a los mismos sitios.

 

Incluso los domingos organizábamos una cena en el restaurante de la marina donde cada barco llevaba un plato para compartir con el resto de la gente de los otros barcos y cada cual se traía su propia bebida. El restaurante estaba cerrado y el dueño nos prestaba el local para celebrar esta cena. En el propio restaurante había una pequeña piscina donde Sara y Mia entraban nada mas llegar al restaurante y salían con las manos arrugadas justo cuando regresábamos al barco. La verdad es que el sitio era genial.

 

Cena de navegantes en el restaurante de la marina.
La piscina preferida de Sara y Mia.

 

En el fondeo de Kralendijk habían varios barcos con niños. Niños de todas las edades, incluso un bebe que había nacido en Bonaire. Su Madre Sara estaba embarazada de 7 meses cuando llego navegando a Bonaire y decidió que era un buen lugar para tener a su hija. Allí tuvo a su hija Mia. Coincidencias de la vida la madre se llamaba Sara y su hija se llama Mia y nosotros fuimos a amarrar el Sarámia a una boya justo al ladito de ellos. Ni que decir tiene que Mia era el bebe de todos los barcos del fondeo. En las cenas de los domingos Mia iba de brazo en brazo y todos encantados con ella.

 

La mama Sara y Mia a brazos de Maria.

 

También estaba fondeado el velero Blue Pearl. Un velero de holandeses que también están navegando alrededor del mundo con sus dos hijas, Robin de 9 años y Lauren de 6, las cuales hicieron muy buenas migas con Sara y con Mia. Varios días vinieron a nuestro barco y Sara y Mia pudieron quitarse el mono de amigas y sobre todo practicar algo de inglés.
Performance en el Saramia.
Hora de las manualidades en el Saramia.

 

Uno de los sábados nos juntamos todos los veleros con niños en el parque que teníamos frente del fondeo para celebrar el primer mes de Mía y la graduación de la hija del catamarán “Cat et terre”. En total terminaron juntándose unos 15 niños de todas las nacionalidades y edades.

 

Fiesta en el parque de Bonaire.
Fiesta de disfraces en el parque.
Juegos y regalos sorpresa para los más peques.
Bonaire también ha sido el lugar donde mas españoles hemos coincidido. Las primeras dos semanas las pasamos junto a los catalanes del Avenger. Con ellos compartimos cervezas prácticamente todas las tardes.

 

Al comienzo de nuestra tercera semana en Bonaire vimos llegar un velero con bandera holandesa a la boya que teníamos a nuestra popa. Cuando se encontraban a 10 metros de nosotros la chica que estaba en la proa nos pregunta en un perfecto castellano si podían utilizar la boya privada para amarrarse. Nos quedamos sorprendidos al ver que era española y enseguida fuimos Maria y yo con nuestro dinghy a ayudarles a amarrarse a la boya privada. Eran Juan y Olga del Velero Imagine. Canarios que se habían tomado dos años sabáticos para navegar por el Caribe.

 

Y los últimos españoles en llegar fueron Carlos y Susana con su hija Mar de ocho años con su velero Fast Spirit.

 

La pequeña comunidad de españoles reunidos en el Dive’s Dinner.
Sara, Mia y Mar jugando en el Dive’s Dinner.

 

Carlos llegó al fondeo con su familia desde Curaçao aprovechando que ese día el viento roló al sur y pudo hacer la travesía desde Curaçao con viento de través. Fue por culpa de ese viento que a Carlos le fue perfecto para llegar a Bonaire, lo que a todos los que estábamos en el fondeo nos hizo pasar uno de los peores días de toda nuestra travesía.

 

El día anterior ya lo estuvimos comentando mientras nos tomábamos las cervezas de la happy hour en el Diver’s Dinner. Sabíamos que al día siguiente iba a soplar viento del sur y era posible que entrasen olas en el fondeo. Lo que no imaginábamos es que el viento soplase tan del sur y con tanta intensidad y sobre todo durante tanto tiempo.

 

La previsión marcaba viento del sureste de 15 a 20 nudos desde las 9:00 hasta las 14:00 para después rolar y volver a ponerse del este. En principio no había mucho problema. Quizá un poco de movimiento pero poco mas…

 

A las 8 de la mañana el mar estaba calmado y no había prácticamente viento. De hecho Sara se despertó y lo primero que hizo fue acostarse en la colchoneta que habíamos comprado el día anterior porque el mar estaba como un plato.

 

Sara en su momento relax en nuestra nueva colchoneta.
Mia posando con nuestro barco en la primera fila.
Pero a las 10 de la mañana la cosa ya empezaba a moverse más de lo normal dentro del barco. Entraban las primeras olas grandes y empezaban los mareos dentro del barco. Al momento tomamos la decisión de que Maria y las nenas bajaran a tierra y yo me quedaría en el barco vigilando que la cosa no fuese a mas. Pero lamentablemente la cosa a fue a mas.

 

Nuestro barco se encontraba en la primera fila del fondeo, es decir los que están más cerca del paseo marítimo. A las 12:00 las olas ya empezaban a romper con fuerza y gran parte de los barcos de primera fila ya habían abandonado las boyas y habían salido a navegar o a refugiarse detrás de la isla de Klein Bonaire. Pero yo no podía salir a navegar, estaba solo en el barco y no podía largar las amarras y al mismo tiempo dar avante para sacar el barco de allí. Demasiado arriesgado. De todas formas todavía no veía la cosa mal del todo. Las olas levantaban la proa del Saramia como si fuera un caballo desbocado, pero las amarras y los muertos (bloques de hormigón en el fondo que sujetan las amarras) seguían aguantando.

 

El resto de barcos desde la popa del Saramia.

 

En ese momento es cuando conocí a Carlos del velero Fast Spirit. Acababa de llegar de Curaçao a Bonaire y se acerco por mi barco a saludar. Se ofreció para ayudarme en lo que fuese necesario ya que su barco estaba en la segunda linea del fondeo y no se movía tanto ni corría ningún riesgo, le dije que de momento iba a quedarme en el barco esperando que la previsión se cumpliera y el viento y las olas fueran disminuyendo. Pero más que disminuir fueron aumentando y cada vez las olas rompían mas cerca del Saramia y eso ya era peligroso. El barco se movía de lado a lado y justo cuando Carlos volvió a pasar con su dinghy cerca del Saramia, después de dejar a su mujer y a su hija en tierra, fue cuando vino una ola enorme y el barco rompió la amarra de estribor. Todavía disponía de la amarra de babor y un cabo extra de seguridad que pasé cuando vi que la cosa se ponía fea. En ese momento le pedí ayuda a Carlos para que me ayudara a pasar una nueva amarra por la banda de estribor y justo cuando terminamos de pasar la amarra nueva noté que un golpe de mar había movido el muerto al que estaba sujeto. En ese momento tomé la decisión de que era momento de largarse de allí. Fue el propio Carlos quien me ayudo a salir de allí.

 

Foto desde el paseo marítimo.

 

A las 12:30h decidimos largarnos del fondeo y para asegurar que la proa no se fuera contra el dique avisamos a la patrullera del parque marítimo para ver si nos podía echar un cabo hasta nuestra proa para asegurar nuestra salida del fondeo. Fueron momentos de bastante tensión pero pudimos largar todas las amarras y con marcha avante a tope y con la lancha de la patrullera remolcando pudimos salir del fondeo sin mayor problema.

 

Carlos se subió a su dinghy y regreso a su barco y yo me fui a navegar hasta que rolara el viento. Lo que ocurrió es que el viento no roló hasta las 18:00h y durante todo ese tiempo me toco estar navegando de un lado a otro. No podía amarrarme a ninguna boya de otro fondeo ni quería entrar a puerto. La cosa no estaba mal si estabas navegando por lo que  decidí esperara a que cambiara el viento.

 

A las 18:00h el viento disminuyó y empezó a soplar del sudeste y a las 18:30h regresé a mi boya y Carlos me ayudo a amarrarme. Pero cuando subieron Maria y las nenas al barco me dijeron que ellas allí no quería pasar la noche, todavía seguía moviéndose bastante y las amarras seguían crujiendo en cada ola que entraba. Fueron los amigos del velero Imagine que estaban en la marina los que se ofrecieron a abarloarnos (poner nuestro barco junto al suyo en paralelo) a su barco dentro de la marina y allí que nos fuimos para pasar la noche.

 

Al día siguiente cuando nos despertamos regresamos a nuestra boya y todo había vuelto a la normalidad. Fueron 12 horas muy intensas en un día que estoy seguro que no olvidaremos en mucho tiempo.

 

Atardecer con el Saramia en primer plano!
Preparadas para saltar!
Mar y Mia en el Fast Spirit.
Mar y Mia.
Iguanas en la gasolinera de la marina de Bonaire.
Burros salvajes en Bonaire.
Y muchísimos cactus en todo el territorio de Bonaire.
Preparados para bajar a la playa de los 1000 escalones.
Comiendo en el Fast Spirit…
…Y mientras nosotros celebrando nuestro 16º Aniversario.
Estrenando la nueva colchoneta.
Posando en el mural de Bonaire.
Un día cualquiera abordo del Saramia.

 

Mia en la fiesta del parque.
Sara, Mia y Mar en la colchoneta.
Preparada para bajar a tierra!
Visitando la costa de Barlovento de Bonaire.

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