Aislados en nuestra casa flotante.

Atrapados en San Blas por culpa del Coronavirus.

Estamos viviendo tiempos convulsos. Jamás hubiésemos imaginado antes de salir de España que llegaríamos a estar atrapados en un país. Pero la realidad siempre supera la ficción.

Con el Coronavirus amenazando todos los países del mundo. Muchos de nosotros que hemos decidido diseñar nuestra propia vida siendo nómadas de un mundo globalizado, nos encontramos atrapados en un país que no es el nuestro, sin posibilidad de salir en los próximos 30 días y al mismo tiempo con el visado a punto de vencer en los próximos días. Estamos en una situación burocrática bastante complicada, ya que para rizar más el rizo el pasaporte de Mia vence el 19 de abril y el mío el 7 de julio, lo cual nos imposibilita movernos a cualquier país vecino ya que no aceptan pasaportes con una validez inferior a 6 meses. Esto, pero sin lugar a dudas la cancelación de todos los vuelos desde/hacia Europa, nos ha hecho reflexionar y darnos cuenta de que nos encontramos en el mejor lugar del mundo para pasar esta crisis mundial. Los problemas burocráticos los solucionaremos cuando corresponda y de momento vamos a tratar de vivir al día y lo mas aislados posibles del mundo exterior.

Nuestro estilo de vida nos permite aislarnos del resto de la sociedad tan rápido como queramos. Llevamos nuestra casa a cuestas y eso es una ventaja en situaciones como la que estamos viviendo. Nos sentimos privilegiados por estar donde estamos y poder disfrutar de la naturaleza y el aire libre sin tener que estar aislados en nuestra vivienda. Echamos de menos España y hubiésemos disfrutado mucho nuestro viaje a España en el mes de marzo. Pero los acontecimientos se han desarrollado tan rápidamente que todavía estamos tratando de digerir todo lo que está ocurriendo en nuestro mundo.

Aislados en una isla desierta.
Aislados en una isla desierta.

Aquí en la comarca Guna Yala los acontecimientos también se están desarrollando de forma precipitada. El congreso Guna Yala toma medidas, al igual que el resto de países europeos, de un día para otro y son medidas estrictas que sin lugar a dudas están afectando y van a afectar en las próximas semanas o meses nuestro estilo de vida y nuestros planes de futuro.

Esto que os voy a contar ha sido nuestra última semana viviendo en San Blas, territorio de los indígenas Guna Yala.

El domingo 8 de Marzo recibimos a bordo del Saramia a la última pareja que íbamos a alojar a través de la plataforma de Airbnb. Ella del Reino Unido y él un Americano residente en Panamá. Estuvieron con nosotros 3 noches y el miércoles por la mañana cuando la lancha se los llevó de regreso a Panamá, el jefe de la lancha ya nos informó que el congreso se iba a reunir esa misma tarde (miércoles 11 de Marzo) para decidir si ya no dejaban entrar a más turistas a la zona de San Blas. Con lo poco que conocemos a los Guna Yala, teníamos claro que el congreso iba a votar a favor del cierre de las fronteras para todos los extranjeros. Sólo era cuestión de horas. Por la tarde la noticia se confirmó. Todos los turistas de la Comarca Guna Yala debían abandonar la zona en los próximos 2 días y ya no se permitía la entrada de ningún turista a la comarca desde ese mismo momento. Afortunadamente nuestros últimos clientes habían abandonado el Saramia esa misma mañana y ya no teníamos previsión de alojar a nadie a bordo puesto que el día 23 de Marzo teníamos el billete para regresar a España y visitar a la familia y pasar una larga temporada con ellos.

Sara y Mia con Jade, nuestra última clienta  a bordo.
Sara y Mia con Jade, nuestra última clienta a bordo.

Ese mismo día reserve un amarre en la marina Linton con previsión de llegar a la marina el día 18 de marzo y dejar el barco a punto para nuestro regreso a España el día 23. La cosa empezaba a ponerse fea en España y aparecian los primeros episodios de histeria en nuestro país y las primeras imágenes de supermercados colapsados y la gente llevándose todos los rollos de papel higiénico que podían. Parecía que el fin del mundo se acercaba.

Nosotros al día siguiente nos despertamos con la noticia de que el congreso había decidido cerrar fronteras y sólo dejarían pasar a vehículos autorizados dentro de la comarca Guna Yala. Algunos de los botes encargados del reparto de verduras habían sido obligados por el gobierno a sacar a los extranjeros fuera de la comarca y no podrían entregar los pedidos a los clientes que estaban fondeados en las islas.

Nota del congreso Guna Yala.

Como teníamos previsto regresar a España solo teníamos a bordo medio paquete de arroz y un paquete de fideos y varios de lentejas y garbanzos, más que suficiente para una semana pero insuficiente si la cosa se ponía fea, que estábamos seguros que se iba a poner viendo las noticias de Italia y España, solo era cuestión de días… O de horas.

Esa misma mañana, tomamos la decisión de movernos a la ciudad de Narganá. Narganá es la principal ciudad al este de San Blas y la cual dispone de varias pequeñas tiendas de alimentación. Cuando llegamos allí el fondeo estaba más lleno de lo habitual, suponemos que era debido a las noticias que iban llegando de Panamá y donde estaba ocurriendo lo mismo que en España. Supermercados abarrotados como si se acercara el fin del mundo.

Cuando desembarcamos con nuestra kayak en la isla, fuimos directos a las 2 tiendas en las que a veces hemos tenido que acudir para poder comprar algo de fruta y verdura. Afortunadamente, cuando llegamos pudimos comprar todos los alimentos básicos que necesitábamos, arroz, pasta, huevos, pollo, fruta y verdura, el transporte desde Panamá llego el día anterior por la tarde y había prácticamente de todo, aunque no en grandes cantidades. Pudimos hacer una buena compra y relajarnos para los próximos días.

Tienda de comestibles en Nargana.
Mia vigilando al gato en la tienda de comestibles.

En previsión de que la cosa se pudiese alargar más de lo debido, ese mismo día decidimos hacer un pedido a Juan Saul, nuestro supermercado flotante en San Blas. Como ya explique en la entrada anterior, en San Blas la comida y las compras de supermercados las realizamos a las lanchas que van visitando a los barcos en los fondeos. Nosotros confiamos en Juan Saul al cual le pasamos el pedido por WhatsApp para recibirlo unos días después en nuestro barco. Como la idea era ir a Panamá continental en unos días estábamos bajo mínimos de cereales, leche en polvo, galletas para los desayunos, cervezas, etc… Vamos, ese tipo de cosas que no son de primera necesidad, pero a las cuales te has acostumbrado y no te gusta quedarte sin ellas.

Y cómo en el caso de España, las cosas van más deprisa de lo que podemos asimilar y nos cuesta darnos cuenta de la nueva realidad. El día 13 de marzo recibimos la noticia de que el congreso Guna Yala no va a permitir la entrada de ningún vehículo a la comarca, ni si quiera los vehículos que se encargan de la distribución de alimentos a los barcos del área de San Blas y dan como fecha del último envío el 17 de Marzo.

En ese mismo momento realizamos un pedido con todo lo que necesitamos a Juan Saul y nos informa que nos lo repartirá el 15 de marzo y al mismo tiempo también nos informa que ese será su último reparto hasta nueva orden. Los repartidores tienen miedo, todos somos posibles portadores del virus. Ellos reparten los pedidos y están en contacto con gente en Panamá y con otros barcos. Nosotros mismos estamos en alerta. La mente no descansa y estamos alerta de tocar lo mínimo posible y no tocarnos con las manos la cara pese al calor sofocante que hace. Lavamos toda la fruta con unas gotas de lejía por si acaso. Algo impensable tan sólo hace unos días. Pero es lo que tiene estar tan hiperconectados con las noticias del mundo.

Recogiendo la última compra... Hasta nueva orden.
Recogiendo la última compra… Hasta nueva orden.

En este momento todos los vuelos a Europa están cancelados y al mismo tiempo las autoridades portuarias no están emitiendo ningún zarpe. Estamos atrapados en San Blas y en breve, cuando venzan nuestros visados, nos podríamos considerar inmigrantes ilegales. Las vueltas que da la vida.

Sin embargo, nos encontramos en uno de los mejores lugares del mundo para vivir la situación extraordinaria que nos ha tocado vivir. Estamos totalmente aislados del mundo. En una isla paradisíaca la cual es exclusiva para nosotros ya que no hay turistas que vengan a pasar el día y no es un fondeo muy concurrido en San Blas. Tenemos buenos amigos alrededor con los que nos juntamos para comer, cenar y hacernos unas cervecitas por las tardes (Mientras tengamos cervezas, claro). El 13 de Marzo llegamos aquí y ya hemos podido disfrutar de una barbacoa en la playa con Edu y Bea y su hija Lua del velero Mola Mola, con Juan y Olga del velero Imagine y Con Wolfgang y Teresa del catamaran Malevaje. Buenos amigos con los que sin duda vamos a pasar mucho tiempo durante los 15 o 30 días que vamos a tener que estar aislados del resto del mundo.

Barbacoa en la playa co los amigos.
Barbacoa en la playa con los amigos españoles.
Foto del grupo de aislados españoles en San Blas.
Foto del grupo de aislados españoles en San Blas.

Esperamos que el congreso Guna Yala replantee su decisión de bloquear la entrada de alimento a las embarcaciones que nos encontramos en su territorio porque sin duda en un mes la vida puede llegar a ser algo incómoda (para los estándares europeos). Sin duda los indígenas no van a tener ningún problema, están acostumbrados a vivir de lo que les rodea. Cocos, pescado, marisco, etc. Quizá si la cosa no mejora tengamos que vivir como ellos. Lo que tenemos claro es que no vamos a morir de hambre ni de aburrimiento. Estamos mejor que muchos habitantes del planeta y de momento no tenemos de que preocuparnos. Esperamos que todo vuelva a la normalidad lo más rápidamente posible y podamos regresar a España con total garantía para nosotros y nuestros familiares.

El equipo femenino disfrutando de la isla mágica.
Comida a bordo del Saramia con la isla mágica al fondo.
La doctora Bea y Maria revisando los medicamentos a bordo del Saramia.

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