Navegando rumbo a Providencia.

Travesía desde Puerto Velero a Bocas del Toro en Panamá pasando por Providencia.

Tras pasar 40 días en Puerto Velero, decidimos que ya era el momento de soltar amarras y volver a navegar. llevábamos demasiado tiempo parados en un mismo lugar y el cuerpo nos pedía marcha.

La ruta tradicional de los navegantes es seguir rumbo oeste, hacia Panamá. Y llegar hasta el archipiélago de San Blas en Panamá. Pero estábamos todavía a principios de Noviembre y no queríamos llegar a San Blas tan pronto o por lo menos no queríamos llegar en la temporada de tormentas eléctricas en aquella zona.

San Blas es un paraiso de islitas idílicas en la costa caribeña de Panama, reserva de los indios Kuna Yala y al cual acaban llegando todos los navegantes que siguen la ruta este-oeste, pero tiene una peculiaridad y es que en esta parte del mundo es donde mas tormentas electricas se producen en los meses de Julio a Noviembre. Y claro, habiendo sufrido varias tormentas electricas mientras estabamos amarrados en Puerto Velero, no es que nos hiciera mucha gracia estar fondeados en el lugar donde mas tormentas electricas se producen de todo el planeta. mejor esperar un poquito más…

Queríamos visitar Bocas del Toro antes de llegar a San Blas. Nuestros amigos Moncho Y Rocio han pasado varios meses en Bocas del Toro y nos han contado que han estado muy bien en la zona. Sin mosquitos y nada de tormentas eléctricas.

La opción de ir directos a Bocas del Toro desde Puerto Velero nos hacía pasar por San Blas y no es lo que queríamos. Así que decidimos cruzar todo el mar caribe de sur a norte hasta llegar a una pequeña isla colombiana que se encuentra mas cerca de la costa de Nicaragua que de la costa Colombiana. Eran 400 millas de navegación, aproximadamente 3 días de navegación con vientos de través.

Nuestra  Travesía desde Colombia a Panamá.
Nuestra Travesía desde Colombia a Panamá.

La previsión era buena para los próximos 3 días. Vientos de través de 20 a 25 nudos para el primer día y vientos mas flojos a partir del segundo día.

Salimos de Puerto Velero el 1 de Noviembre a las 9 de la mañana. Tras despedirnos de Toni, nuestro vecino de Puerto Velero, pusimos rumbo noroeste a la isla de Providencia.

Las primeras 24 horas fuimos navegando casi todo el rato con trinqueta y mayor con un rizo y los siguientes dos días con Genova y Mayor a todo trapo. Ha sido una de las mejores navegaciones que hemos tenido hasta ahora. Una navegación de libro. Hacia mucho tiempo que no navegábamos con vientos de través y sobre todo, hacia casi un año que no utilizábamos la trinqueta.

Entretenimiento a bordo del Saramia.
Entretenimiento a bordo del Saramia.

En la mañana del segundo día, cuando se cumplían 24 horas de navegación, estábamos en cubierta desayunando cuando de repente se reventó el latiguillo del agua caliente del grifo de la cocina. Fue casualidad que íbamos subiendo y bajando y no pasó mucho tiempo desde el reventón hasta que pudimos parar la bomba de agua y detener la fuga de agua. En los poco minutos que estuvo saliendo agua sin parar se desprendieron unos 50 litros (a ojo de buen cubero). Al ir navegando y llevar una escora de unos 15 grados, toda el agua fue a parar a la banda de babor y no se achicaba automáticamente con la bomba de la sentina que se encuentra en el centro del barco. Por suerte, en el barco tenemos una bomba de achique con una manguera de varios metros que llega a cualquier parte del barco y con la cual pudimos achicar toda el agua rápidamente. Son esas pequeñas incidencias las que te hacen ser consciente de donde te encuentras y que hay que estar alerta para cualquier imprevisto. Al final quitamos el latiguillo roto y pusimos un tapón en la tubería de agua caliente. Ya lo cambiaremos cuando pisemos tierra y localicemos una tienda.

En la tarde del tercer día de navegación ocurrió la desgracia. Bambi, el peluche preferido de Mia, salió volando por la borda del Saramia. Sara y Mia estaban jugando y Bambi tenía anudado al cuello un hilo de lana en forma de correa y jugando, jugando, sin darse cuenta, Bambi salió disparado y se fue directo al mar. Mi reacción al momento fue ponerme a la rueda para parar el barco pero lo único que pudimos hacer todos es ver como Bambi se alejaba de nosotros. Íbamos navegando a Vela con Mayor y Génova a todo trapo y tratar de dar la vuelta por un peluche no tenía mucho sentido. Primero porque un peluche en medio del mar se pierde de vista en menos de 1 minuto. Segundo porque la maniobra de enrollar mayor y Génova nos hubiese llevado entre 3 y 5 minutos y tercero porque joder, estamos hablando de un peluche y tenemos peluches en el barco para montar una tienda de juguetes.

Maria consolando a Mia tras la perdida de Bambi.
Maria consolando a Mia tras la perdida de Bambi.

Pero ver a Mia un minuto después de que Bambi se alejara de nosotros me hizo replantearme la decisión. La pobre Mia no tenía consuelo, era como si le hubiesen arrancado de golpe una parte de su cuerpecito, se tumbó encima de Maria y no dejó de llorar durante por lo menos 10 minutos. Incluso recordaba que la noche anterior, Bambi estuvo jugando a cartas con ellas. Me rompió el corazón verla tan triste.

En ese momento los papis aprovechamos para dar el típico sermón de padres y les recordamos que lo que cae al mar se queda en el mar (mientras navegamos, claro). A eso que Mia respondió que ella no quería dar una vuelta por el mundo navegando, que esa no fue su elección. Nos dejó helados. No es la primera vez que Mia reacciona de esta forma y no tenemos la menor duda de que Mia es la que más echa de menos a las abuelas, iaias y la vida terrestre y familiar de antes de zarpar de España. La realidad es que todos la echamos de menos, pero es en estos momentos tan tristes donde más le gustaría estar en su casa de Ontinyent.

La tercera noche de navegación la pasamos sin mayor problema, solo un mercante me hizo estar un poco más pendiente de lo normal. El resto de la noche la pasé durmiendo en tramos de 45 minutos. Al amanecer, el cielo se oscureció alrededor nuestro y de repente nos subieron las rachas a 30 nudos, las chicas seguían durmiendo y yo estaba solo en cubierta. Todavía tenía todo el trapo fuera porque la noche había sido muy tranquila. Rápidamente largue la escota del Génova y lo enrolle como pude y enseguida me puse proa al viento y pude enrollar la mitad de la mayor. Hay un dicho marinero que dice que hay que recoger trapo la primera vez que lo piensas. Esta vez falle y me confíe un poco, pero no hubo ningún problema.

A primera hora de la mañana y con todas las chicas en cubierta, nos fuimos acercando poco a poco a nuestro destino, a la Isla de Providencia. Pero antes de llegar todavía pudimos disfrutar de nuestros amigos los delfines. Estuvieron jugando en la proa del Saramia durante 15 minutos, dando saltos y surfeando las olas, pero al final se fueron por donde habían venido. Sara y Mia les preguntaron si habían traído a Bambi, pero no hubo suerte. Vinieron a vernos con las manos vacías.

Llegando a Providencia.
Llegando a Providencia.
Delfines jugando en la proa del Saramia.
Delfines jugando en la proa del Saramia.
Mia con uno de los muchos peluches que tenemos a bordo.
Mia con uno de los muchos peluches que tenemos a bordo.

A las 10 de la mañana llegamos al fondeo tras seguir el canal de entrada que por esta parte del mundo es roja a estribor y verde a babor para entrar a puerto. Para ser una isla apartada del mundo, el canal estaba muy bien señalizado. Cuando llegamos al fondeo, solo había un velero y allí que nos fuimos a fondear cerca de él. Donde fueres haz lo que vieres. Pero conforme nos vamos acercando la profundidad se va reduciendo y decidimos echar el ancla sobre 2,50 metros (recordamos que el Saramia tiene un calado de 2,30), Maria larga cadena como siempre pero en esta ocasión el barco no se aleja hacia atrás, vuelvo a mirar la sonda y me marca 2 metros. Nos hemos quedado encallados. Aviso a Maria de que debe recoger cadena y salimos de ahí sin mayor problema. El fondo era de arena y algas y no hacia prácticamente viento. Decidimos movernos 10 metros más adelante de donde habíamos echado el hierro la primera vez y ahora si que no tuvimos problema. Echamos el ancla sobre 3 metros y nos quedamos sobre 2,5 de fondo. Perfecto! Habíamos llegado a Providencia después de 74 horas de navegación y 420 millas náuticas.

Llegando a Providencia.
Llegando a Providencia.
El amplio fondeo de poca profundidad en Providencia.
El amplio fondeo de poca profundidad en Providencia.

Como ya viene siendo habitual, nos lo tomamos con mucha calma para informar a las autoridades de que habíamos llegado. Primero preparamos un aperitivo y algo de pasta para comer. Ya haríamos los papeleos después de comer.

En Isla Providencia, al igual que en toda Colombia, debes tramitar el arrivo a Puerto a través de un agente marítimo. En Colombia continental tienes opciónes. Aquí en isla Providencia solo está el Señor Bush. Para hacer el registro de entrada tienes que pasar por él, te guste o no te guste. La verdad es que el señor Bush es todo un personaje y te toca tener que acudir a su oficina varios días para dejarlo todo claro. Hay que pagar una tasa de turismo que él se encarga de tramitar. Al final la broma de visitar la isla de Providencia nos costó 500.000 pesos colombianos. Unos 130 euros al cambio actual. Pero bueno, al final de la semana hay que reconocer que valió la pena llegar hasta aquí.

Isla de Providencia.
Isla de Providencia.
Paseando por Providencia.
Paseando por Providencia.

Esa misma tarde vino al barco el señor Bush junto a la autoridad portuaria para seguir rellenando más papeles y de paso advertirme de que allí no podía fondear, que estaba demasiado cerca del canal. A lo cual les explique que esta mañana había encallado y no podía hacercarme más al otro Velero fondeado. Pasaron de mi olímpicamente y me dijeron que al día siguiente me tenía que mover de allí.

Al día siguiente a primera hora, decidimos movernos de nuestro sitio para buscar un fondeo más alejando del canal de entrada. Nos íbamos moviendo como un ciego con bastón. Sin saber dónde íbamos. Las cartas náuticas no marcan la profundidad correcta y tenemos que ir moviéndonos poco a poco. Al final llegamos a una zona donde la sonda nos marca 3 metros y ahí decidimos echar el ancla. Pero nos ocurre lo mismo que el día anterior, largamos 20 metros de cadena y cuando la cadena se tensa el barco se queda clavado. Miro la sonda y marca 2 metros. Nos hemos vuelto a quedar encallados!! Volvemos a recoger la cadena y salimos de allí para buscar algo mejor y lo mismo, tiramos ancla sobre 3 metros y largamos 20 metros de cadena y otra vez igual. Volvemos a tocar el fondo por tercera vez en 2 días. Pero esta vez no nos vamos de ahí, sino que vamos recogiendo metro a metro hasta que el barco se queda flotando y la sonda marca 2,30 metros. Esperamos un rato a ver si borneamos con el viento y listo. Todo perfecto. Ahí nos quedamos para el resto de la semana. Prueba superada!

Sara contando  las islas que hemos conocido en el Caribe.
Sara contando las islas que hemos conocido en el Caribe.

La isla de Providencia es una isla pequeña de tan solo 22 Km2 y 5000 habitantes y que vive principalmente del turismo, al igual que su isla vecina, San Andrés. Sólo tiene una carretera alrededor de la isla y el segundo día decidimos alquilar unas scooter para recorrer toda la isla. Por supuesto, el mismo señor Bush fue el encargado de alquilarnos las dos motos.

Con nuestro medio de transporte  en Providencia.
Con nuestro medio de transporte en Providencia.

Sara y Mia encantadas de moverse por la isla en moto. Visítamos varias playas y hasta el aeropuerto, tampoco había mucho más que visitar. Si que se pueden hacer varios senderos de trekking, pero Sara y Mia no son de hacer caminatas, así que no nos alejamos caminando de las motos más de 200 metros. Es lo que hay. Al final decidimos comer en el restaurante de Roland (todo un personaje!) y pasar allí varias horas de la mañana. El sitio estaba genial. Con su toque caribeño de «slow life». Esperando más de una hora para recibir el pollo a la plancha y el ceviche que habíamos pedido. Todo menos estresarnos.

Roland's Bar.
Roland’s Bar.
Roland con la piña colada de Maria.
Roland con la piña colada de Maria.
Sara y  Mia jugando con un cangrejo ermitaño.
Sara y Mia jugando con un cangrejo ermitaño.

Durante las semanas que estuvimos en la isla solíamos bajar por las tardes al pueblo y pasear por allí. La isla de Providencia está separada de la isla de Catalina por un puente flotante que está todo a pedazos. Pero que le da un toque muy isleño. Conforme el puente se ha ido rompiendo y hundiendo la gente local le ha ido poniendo parches y escalones para salvar las diferentes alturas. Pero ahí está, cumpliendo su función y permitendo pasar de un lado al otro.

Puente flotante parcheado en Providencia.
Puente flotante parcheado en Providencia.
Maria y Sara desfilando por el puente.
Maria y Sara desfilando por el puente.

El último día bajamos nuestra kayak y nos fuimos a recorrer parte la isla por mar y hacer snorkel cerca de los arrecifes.

Para terminar la semana en Providencia nos hicimos una paellita a bordo que podría haber estado mejor, pero es lo que tiene este estilo de vida. Nos tenemos que apañar con lo que tenemos y no con lo que queremos.

Al día siguiente a las 8 de la mañana zarpamos de nuestro fondeo rumbo a Bocas del Toro en Panamá.

Zarpamos rumbo a Panamá. Entretenimiento a bordo.
Zarpamos rumbo a Panamá. Entretenimiento a bordo.

A diferencia de la travesía desde Colombia hasta Providencia, la travesía de Providencia a Panamá fue un auténtico coñazo.

Las primeras 10 horas la navegación fue buena, viento portante de aleta y nos movíamos a una velocidad de entre 6 y 7 nudos. La tripulación femenina se quedó dormida al cabo de una hora, como suele ser habitual. Conforme se van despertando cada una va haciendo lo que le apetece o puede. Tablet, peli en el ordenador, pintar o lo que sea…

Pero a las 19:00h el viento cayó y nos movíamos sólo a 3 nudos. Y claro, con tan poca velocidad y la ola entrando por el través, al poco rato empiezan las vomiteras a bordo, primero una y después otra. Yo decido poner motor para evitar el balanceo pero ya era demasiado tarde. El mareo ya estaba dentro de ellas y la noche iba a ser mala. Muy poco viento y prácticamente toda la noche a motor. Cuando subía el viento era insuficiente para que el barco navegara con alegría y no se balanceara tanto. A mitad de la noche terminaron vomitando las dos. Afortunadamente Maria a descubierto unos parches que se pegan detrás de la oreja y que evitan el mareo completamente. En otras ocasiones han estado las tres mareadas al mismo tiempo, pero esta vez Maria estaba prácticamente bien y lo pudo gestionar todo sin mayor problema.

Mia K.O.
Mia K.O.
Sara K.O.
Sara K.O.

La pobre Sara es la que peor lo pasa. No puede comer ni beber nada en los primeros tres días de navegación. Y claro, como de Isla Providencia a Bocas del Toro son 260 millas y solo dos días de navegación, estuvo toda la travesía mareada. Me destroza por dentro verla así de mareada mientras vamos navegando.

Tormentas en medio del Mar Caribe.
Tormentas en medio del Mar Caribe.

La segunda noche fue más de lo mismo, el viento era prácticamente nulo y tocaba navegar a motor. Ya de madrugada el viento empezó a soplar, pero no de popa como estaba previsto sino de proa, justo de la dirección a donde nos dirigíamos. Quedaban más de 30 millas para llegar y ya empezábamos a notar el ambiente con olor a tierra y a hierba. Se notaba que nos estábamos acercando a la selva.

Preparando la bandera de cortesia de Panamá.
Preparando la bandera de cortesia de Panamá.
Llegando a Bocas del Toro.
Llegando a Bocas del Toro.

Sobre las 9 de la mañana ya estábamos todos en cubierta para disfrutar de la llegada a nuestro destino, a la Marina Red Frog.

Entrando en la Marina Red Frog.
Entrando en la Marina Red Frog.

La Marina Red Frog es una marina muy buena perteneciente al grupo IGY Marinas. Es una marina espectacular ubicada en medio de manglares. Para llegar hasta la marina se debe navegar unas 5 millas rodeado de manglares y entre canales. En medio de la jungla cubierta por grandes arboles y por toda clase de aves. Estamos seguros que vamos a estar muy a gusto en esta marina. Pero eso lo contaremos en una próxima entrada de blog.

Realizando los tramites de llegada a Panamá. Buena Gente!
Realizando los tramites de llegada a Panamá. Buena Gente!
Piscina desbordante en la Marina Red Frog.
Piscina desbordante en la Marina Red Frog.
Foto de Familia  con el Catamarán de los amigos brasileños al fondo.
Foto de Familia con el Catamarán de los amigos brasileños al fondo.
Navegando rumbo a Panamá.
Navegando rumbo a Panamá.
Maria preparando el barco  para amarrar y cantando bajo la lluvia.
Maria preparando el barco para amarrar y cantando bajo la lluvia.
Cañonazos en Providencia.
Cañonazos en Providencia.
Mas cañonazos.
Mas cañonazos.
Jugando a futcoco en el Bar de Roland.
Jugando a futcoco en el Bar de Roland.
Mia acostumbrándose a la mala vida.
Mia acostumbrándose a la mala vida.
Maria catadora de hamacas.
Maria catadora de hamacas.
Mia probando la piña colada.
Mia probando la piña colada (sin alcohol).
Parque para niños el día que llegamos a Providencia.
Parque para niños el día que llegamos a Providencia.
Mia Posando!
Mia Posando!
Paseando por Providencia.
Paseando por Providencia.

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