Relato de una madre no marinera cruzando el Atlántico.

Parece mentira que de los 19 días que llevamos navegando sin parar haya decidido escribir el último día.

Y es que la verdad es, que el barco no deja de moverse, con lo cual no deja tregua ni descanso al movimiento tan incómodo de las olas y yo he tardado 15 días en acostumbrarme a ello y no sentir angustia, pues cuando me ponía a escribir frente al ordenador al momento sentía que todo me daba vueltas y lo dejaba estar, para otro momento mas tranquilo… que no llegaba nunca.

Tengo muchísimas ganas de llegar al puerto de Santa Lucía. Principalmente mis ganas se deben a dejar precisamente de balancearme para todo.!

Os podéis imaginar, aquí no paramos de atrapar las cosas que caen, coger con las manos , pies y dientes lo que tienes por delante es ya una costumbre.

Dormir, cocinar, ducharse, comer, fregar, ir al baño, hacer manualidades o deberes con las niñas, todo eso y cualquier otra cosa que se te ocurra va con movimiento. Sin duda es la peor parte del viaje.

Sara haciendo deberes.
Mia y Sara haciendo manualidades durante la travesía.

 

Y una vez más me sorprenden mis hijas, que convierten esta parte en algo divertido en su vida abordo.

Cuando ellas hacen un juego bailando y las olas las zarandean y caen al suelo ellas se mueren de risa, se ríen cuando ven volar los platos o escuchan a los mayores maldecir las olas por haber tirado un caldo, un bizcocho, una masa de pan, una tostada con mantequilla al suelo… ellas se ríen de todo.

Hacen cabañas con colchonetas y cuando las olas las destruyen, de nuevo ataque de risa.

No les hace tanta gracia si una ola ha destruido alguna construcción de unas casitas que se hacen con muñequitos, pero tampoco se lo toman a mal.

Sara y Mía construyendo y jugando.

 

Sara y Mía tienen 6 y 4 años, y lo han pasado bien durante la travesía, y eso hace que yo sienta que el viaje ha merecido la pena. De haberlas visto pasarlo mal, nada de esto habría sido lo mismo.

Disfrutando de la puesta de sol con Sergi y Sara en la proa.

19 días y 500 noches…

Cuando llamo así a esta narración, sobre la experiencia de cruzar el Atlántico con mi familia, da a entender ya, lo que fue aproximadamente esta aventura.

Cuando la noche caía, toda la tripulación tenia establecida unos turnos de guardias, donde cada 4 horas se relevaban para vigilar la trayectoria del barco y cualquier incidente que pudiera surgir en la noche.

Igualmente seguían los turnos de día, por eso para la tripulación, las noches, al contrario de lo que se pueda pensar, no se hacían largas, pues transcurrían en periodos de 4 horas despierto y 4 durmiendo.

Como eran haciendo turnos pues un día dormían toda la noche y otro la mitad, mas o menos.

Pero yo no entraba en la ronda de las guardias. Yo como madre, debía estar con mis hijas, las 24 horas del día sin turnos que releven ni valgan, pues las niñas siempre buscaban a su mami abordo, para cualquier mínima necesidad, por algo soy su madre. Para lo bueno y para lo malo.

Esto hacía que la palabra MAMI fuera la más escuchada durante toda la travesía.

500 noches, … porque?

A medida que avanzaba el viaje, íbamos cambiando la hora en nuestros relojes, de manera que para nosotros cada vez se hacía antes de noche.

Las niñas se solían dormir más o menos sobre las 19:30 de la tarde. Ya era de noche, claro.

Imaginaros en que momento empezaba para mi la noche, pues yo me acostaba cuando ellas se dormían, pues el barco no descansaba su movimiento y sentía que debía estar con ellas hasta cuando estaban acostadas en la cama, donde seguía el movimiento tu cuerpo de un lado a otro, igual que cuando era de día.

Así pues, mi noche empezaba pronto. Y al contrario de lo que se pueda pensar, no dormía mucho… como tenía tantas horas por delante para poder dormir, nada más lejos de la realidad, yo estaba con los ojos cerrados pero despierta, sintiendo como el barco mecía mi cuerpo y el de las niñas de un lado a otro, y escuchando todos los sonidos que de noche se hacían más notables y sonoros con el silencio.

Desde mi camarote de proa (delante ), se escucha el agua correr, las olas romper contra el casco, el techo cruje, pues la fibra del barco es moldeable para aguantar estos movimientos.

Las velas flamear… se escucha el sonido del viento, cuando es débil y cuando éste coge fuerza con alguna ráfaga, y alguna noche con suerte, susurraba en mis oídos un sonido que sabía a gloria, y daba un respiro a aquella tensa situación dando paso a una especie de spa o relax, era el sonido que emitían unos delfines, que acompañaban nuestro casco del barco en la proa, y por ser de noche desde fuera no se podían ver, pero desde mi cama se pueden oír, y eso solamente yo puedo contarlo señores.

Mi sonrisa aparecía como por arte de magia, seguía con los ojos cerrados, pero atenta a lo que se decían entre ellos, pues parece que mantengan una conversación de verdad.

Ojalá hubiese habido delfines cada noche. Me sentía acompañada, era como si alguien cuidara de nosotros en la noche, en ese inmenso océano, donde todo lo que ves a tu alrededor es agua.

Delfines que nos acompañaban en el camino.

 

Amanecía pronto, y entre las 6:30 o 7:00 solían despertar las niñas, y con ello un nuevo día comenzaba.

Y las semanas fueron pasando, y como bien dicen, a toro pasado, todo se veía de otra manera y los dias pasaban volando. La frase que se repetía entre nosotros era, … Que día es hoy? Ya?… madre mía el tiempo esta pasando muy deprisa…

Esto cambia la ultima semana, en la que sin querer, has empezado la cuenta atrás de los dias que faltan para avistar tierra, el cansancio aflora, y las ganas de llegar y bajar del barco y tocar tierra firme son más y más grandes, y parece que el tiempo no pasa. Es increíble nuestra mente como procesa el tiempo, y muchas otras cosas, es todo según lo quieras ver tu.

Así que, ante la pregunta de si se me hizo largo o corto el viaje no sabría que decir, pues fueron las dos cosas, en realidad. Según estaba mi estado de animo.

Había veces que pensaba que perdí casi 20 dias de mi vida en el mar, y otras que ni siquiera me enteré de que estos 20 dias habían pasado, eran como un sueño.

Mia haciendo siesta los primeros dias.

Con las niñas tenía momentos que me sentía como en la Película de La Vida es Bella, la habéis visto todos seguro…. aquel padre que con su hijo, durante la guerra, hace que todo transcurra como si de un juego se tratara, y a la vista del niño toda situación amarga real era vista a través del juego como algo fantástico, un juego, que el padre iba relatando al niño, de manera que la guerra pasa y el no sufre.

O como en otra película, En busca de la Felicidad, de Will Smith, si no la habéis visto, os la recomiendo. También padre e hijo pasan por situaciones en las que incluso se ven obligados a dormir en el baño del metro, y el padre a modo de juego inventa que duermen en una cueva, donde fuera hay dinosaurios, y a los ojos del niño, con su imaginación hace que el niño proyecte este sueño como realidad, y no sufre esta experiencia como traumática, sino como algo especial que hace con su padre.

Es increíble lo poderosa y grande que es para un hijo su madre, o su padre.

En mi caso yo era su referente en el viaje, pues si ellos te ven bien a ti, se sienten seguros y a gusto con cualquier situación, y Sara y Mía pasaron esta experiencia felices, contentas y en cualquier momento de debilidad, inseguridad, o fisicamente violento por el movimiento, pasaba como una aventura más, contada por su madre, (yo misma), que con cualquier historia, reconvertía el momento o la situación en algo que sus mentes proyectaban como imaginario, o mágico, o como un juego, y era capaz de arrancarles unas risas.

Me sentí como en los padres en éstas películas que os cuento, en algunos momentos de la travesía.

En otros muchos momentos, menos mal, la situación mágica llegaba sola, pues era real, como la vida misma, como cuando veíamos delfines, o vimos pasar dos ballenas, o cuando hacíamos manualidades, jugábamos, y bailábamos, con el movimiento del barco esto da todavía más risa.

O cuando Sergi les hacía cosquillas hasta morir, hacía pan con ellas, o les hacía risa jugando con sus peluches… los ositos Vicent i Vicenta.

Haciendo pan con Sergi.

O Andrew les contaba en inglés un cuento siempre desde una sonrisa y serenidad, les regaló un libro con pegatinas, e incluso compartió con ellas unos bailes fuera en la bañera….

Cuentos en Inglés con Andrew.

Cuando Júlia les hacía Palomitas como en el cine para ver una peli, o contaba cuentos y hacía preguntas y les hacía reflexionar desde la calma, recordándoles que había que ser paciente y no todo llega enseguida.

Cuenta-cuentos con Julia.

Sara le pedía que cuando viera una estrella fugaz por la noche en las guardias le pidiera deseos para ella, y Julia le recordaba que éstos no se iban a cumplir de la noche a la mañana, que había que esperar y ser paciente.

La tripulación abordo no solo ha sido una ayuda fundamental para hacer el cruce, sino que a las niñas les ha venido estupendamente, para convivir como una gran familia, y distraer su atención y necesidad sobre su MAMI.

El papá se mantenía ocupado bastante tiempo con sus guardias para llevar el barco o cocinar, sus preocupaciones náuticas, y mil cosas que pensar, durante la travesía. Y por supuesto también dedicarles tiempo a las niñas de vez en cuando.

Para todos, en general creo que el tener las niñas en el barco ha sido un PLUS positivo para el viaje.

Y ellas se han portado como dos campeonas. Y yo… la más, jajajaa puesto que pasé las dos primeras semanas con un mareo y angustia que como ya digo no cesó hasta los 15 días.

Eso si, delante de las niñas bien disimulado, y tratando de hacer lo posible para que todo permaneciera en un estado de vida normal para ellas.

Fue duro, si. Bastante, he de reconocerlo. Cuando uno tiene la garganta en un puño, por la angustia, la comida no le hace la digestión y se mantiene en el estómago de aquí allá, los brazos y manos se adormecen gran parte del día por la sensación de mareo, y las noches aunque descansando en la cama transcurren en un movimiento que no cesa ni descansa, pues es si ! … es duro.

Pero ya digo, … tu cabeza hace que de una situación regular o mala solo te queden con las cosas buenas, y vayas olvidando los momentos malos.

Así que la experiencia de cruzar el Atlántico para mí, ha sido como se dice una experiencia única en mi vida, inolvidable y llena de momentos mágicos con las niñas, y también de malos momentos, que a (toro pasado), como digo, se suman como una experiencia más en la vida.

Una de las comidas a bordo.

Parece mentira que hayamos cruzado todo este largo camino, por el mar, solo impulsados con el viento.

Ahora mismo estamos en el Caribe. Todavía sigo asimilando todo lo ocurrido hasta hoy.

Me parece un sueño.

 

Sara. Tierra a la vista !
Mia. Disfrutando en una playa del Caribe. Santa Lucía. Como una Mohikana.
Madrugada del día 19. Cuando avistamos tierra por primera vez.

One comment

  1. María….
    Te voy siguiendo todo lo que cuentas y la verdad es que lo narras tan bien…Qué nos haces un poco partícipes a nosotros de vuestro viaje.
    Jorge le mandó un video a Vicente de las niñas y Papá Noel y es precioso.
    Supongo que, como tu dices, las cosas menos buenas se van borrando pero ésta experiencia ya os la lleváis para siempre.
    Disfrutad mucho en tierra firme. Y sigue contando…
    Un beso muy muy fuerte a los 4

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